Este baile, símbolo indiscutible de peruanidad, se practica en gran parte del país. Entre todas sus variantes, la más conocida y celebrada es la norteña, pero igualmente vistosa es la marinera limeña y las otras versiones que se bailan en diferentes lugares de la sierra. Considerada Patrimonio Cultural de la Nación desde 1986, la marinera es una danza de cortejo en la cual se inicia con la percusión de una tarola o de un cajón. La pareja se saluda con reverencias y mantiene cierta distancia, la cual se acorta conforme avanza el flirteo.
El varón y la dama trazan círculos con sus pasos. Ella esquiva la mirada de él hasta que inicia la fuga o zapateo, figura que simboliza la aceptación de la mujer al pretendiente. Este último, quien lleva un sombrero de paja en una mano y un pañuelo en la otra, adula a la muchacha con elegantes y sutiles movimientos. En el remate, los pasos se ejecutan con más fuerza, hasta que el hombre se arrodilla ante su amada, en señal de sumisión. Esto marca una pausa, en la que los danzantes quedan inmóviles en un gesto de coqueteo, luego del cual la música se reinicia siguiendo la máxima norteña de "no hay primera sin segunda".
El amor, la nostalgia, las tradiciones y la familia son algunos temas recurrentes en las letras de cada canción, aunque muchas de las producciones son enteramente musicales.
La marinera ha calado tan profundamente en la identidad del país que cada año se celebran cientos de concursos para elegir a la mejor pareja, aquella que derroche garbo y elegancia. El certamen más tradicional de todos se lleva a cabo en el departamento de la Libertad. Nos referimos al "Concurso Nacional de Marinera” de Trujillo. El evento se celebra a finales de enero y congrega a miles de visitantes nacionales y extranjeros. A continuación, una muestra de la marinera.

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